¿Por qué algunas personas intentan boicotear la terapia de su pareja?

¿Por qué algunas personas intentan boicotear la terapia de su pareja?

¿Por qué algunas personas intentan boicotear la terapia de su pareja? 150 150 Eva Diez

¿Por qué algunas personas intentan boicotear la terapia de su pareja?

A lo largo de mis años de experiencia en terapia de pareja, he observado un fenómeno que se repite con más frecuencia de la que muchas personas imaginan: el intento, consciente o inconsciente, de boicotear el proceso terapéutico de la propia pareja.

Cuando una persona acude regularmente a terapia, suele iniciar un importante proceso de crecimiento personal. Aprende a identificar patrones de comportamiento poco saludables, desarrolla una mayor autoestima y comienza a cuestionarse qué conductas son aceptables o no dentro de una relación. En otras palabras, empieza a abrir los ojos ante dinámicas que quizá llevaba años normalizando.

Este cambio no solo afecta a quien acude a consulta. También tiene un impacto directo en la pareja. A medida que una persona evoluciona emocionalmente, aumenta su capacidad para poner límites, expresar necesidades y detectar comportamientos dañinos. Y eso puede generar incomodidad en quien no está dispuesto a revisar su propia forma de relacionarse.

En muchos casos, estas conductas problemáticas tienen su origen en patrones familiares aprendidos durante la infancia. Son modelos de relación que se han interiorizado durante años a través de la observación y la convivencia en su propia familia de origen. Aunque estos patrones son modificables, hacerlo supone esfuerzo, autocrítica y un verdadero compromiso con el cambio.

El problema surge cuando una persona percibe que, si su pareja continúa avanzando en terapia, tendrá que asumir una parte de responsabilidad en los conflictos de la relación. Reconocer errores, modificar hábitos o cuestionar creencias profundamente arraigadas desde su nacimiento puede resultar tan exigente que algunas personas prefieren mantener la situación actual, incluso cuando esta genera sufrimiento para los dos.

Por ello, pueden aparecer comentarios despectivos hacia la terapia, críticas al profesional o intentos de desanimar a la pareja para que abandone el proceso, con diferentes excusas irrelevantes. Sin embargo, el crecimiento no suele ser el problema. Lo que realmente genera miedo es aquello que el crecimiento pone en evidencia.

Y es que, cuando una persona cambia, la relación también debe cambiar. Si ambos evolucionan, la relación puede fortalecerse. Si no, antes o después será necesario replantearse si ese vínculo sigue siendo saludable para ambos.

Todo esto tiene una explicación psicológica. 

Por una parte, la homeostasis relacional, la tendencia a mantener su funcionamiento habitual. Por otra parte, la disonancia cognitiva, que aparece cuando una persona recibe información que contradice la imagen que ya tiene de sí misma. Y la evitación de la responsabilidad, porque tiene que aceptar que uno ha contribuido a los problemas que tiene la relación y esto provoca emociones desagradables como la culpa, la vergüenza o el arrepentimiento. 

Por supuesto el boicot a la terapia no surge de la maldad, sino de una combinación de miedo, inseguridad, resistencia al cambio y dificultades para asumir responsabilidades. El problema es que esas estrategias suelen acabar produciendo aquello que la persona intenta evitar: un mayor deterioro de la relación.

Este fenómeno no solo aplica a la pareja, sino también puede afectar a relaciones familiares, de amistad, laborales etc.

Si conoces a alguien en esta situación, no dudes en enviarle este texto!

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Eva.

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